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La cagada de Petro. Nota luctuosa.

Casi todo el mundo lo afirma, como un acto cierto, ya acaecido; no se habla del insuceso, como algo que está por ocurrir, como hipótesis o expectativa sobre el particular. En prensa escrita, radio y televisión, cuando hacen referencia al tema, lo presentan, como ya consumado. Sólo...

Casi todo el mundo lo afirma, como un acto cierto, ya acaecido; no se habla del insuceso, como algo que está por ocurrir, como hipótesis o expectativa sobre el particular. En prensa escrita, radio y televisión, cuando hacen referencia al tema, lo presentan, como ya consumado. Sólo en semana.com, leí comentario con aires futuristas, es decir, como acontecimiento, aún no realizado. Escribo con respecto a la cantada destitución del Alcalde de Bogotá, D.C., Gustavo Petro, a manos del Procurador General de la Nación.-

El Procurador General de la Nación, no es santo de mi devoción. Sin embargo, es verdad de a puño, que este alto funcionario estatal, cuenta con atribuciones disciplinarias constitucionales y legales, vigentes y aplicables y que por lo tanto, posee competencia para sancionar al Alcalde Petro, destituyéndolo e inhabilitándolo para ocupar otros cargos públicos, si lo encuentra, fundadamente, responsable de falta disciplinaria gravísima.-

Luego, la discusión de si el Procurador puede investigar y sancionar a un funcionario de elección popular, la considero interesante para la Academia, para el debate político, más no, como argumento para enfrentar y mucho menos, enervar la fuerza de una investigación disciplinaria contra servidor público, investido mediante el mecanismo del voto popular.

Me gusta el talante político de Petro; comparto con él, su vocación por lo público; apruebo la desprivatización del servicio público domiciliario de aseo, programada para la Capital y me solidarizo con el alto nivel social que con destino a los más necesitados, proyecta su tarea de Gobierno, bajo el slogan de Bogotá Humana.-

Pero; un pero grandísimo, oscurece esas virtudes políticas de Petro y lo tiene enredado, lamentablemente para él, para Bogotá D.C. y para el prestigio de los líderes de izquierda, quienes alcanzan honores de gobernantes; se le olvidó, que la actividad administrativa, en Colombia, es rigurosamente reglada; esto es, sometida con exagerada estrictez, a la imperatividad de la palabra de la Ley.

Cada firma del Alcalde, por ejemplo, autorizando cualquier actuación o reconociendo algún derecho, debe concordar con lo que manda u ordena, una ley, un decreto, una resolución, una ordenanza o un acuerdo; no cabe allí, la discrecionalidad, en el entendido, de ser ésta, una manifestación autosuficiente de voluntad del gobernante. Y esto no lo ignora Petro. El fue legislador, por consiguiente, muchas de esas leyes, fueron votadas por él, ya positivamente, ya negativamente o por lo menos, participó en la discusión de la creación de ellas.

Y si  Petro no lo sabe, lo deben, lo tienen que saber, sus Asesores. ¿Y en donde estaban ellos, mientras Petro metía las patas?  Con seguridad, en la cháchara política y a la adulación de su Jefe. A eso se dedican los profesionales izquierdosos, a chacharear y a olvidarse de las luce s de sus correspondientes profesiones.- Pocos, los profesionales de credo izquierdoso, con criterio académico bien definido y mejor practicado.-

Petro echó en saco roto, que el Alcalde no puede terminar, así porque sí, contratos de concesión del servicio de aseo; que el Alcalde no es superior jerárquico, de Gerente de entidad descentralizada; que las decisiones en Junta Directiva, se toman consensuadamente, mediante el mecanismo de la mayoría, establecida según los factores del quórum, deliberatorio y el decisorio. No las adopta ni profiere, soberana y unilateralmente, el Alcalde. Pareciera que Petro se hubiese embriagado con la tesis del Estado de Opinión, ¿la recuerdan?, aquella que, según los amigos de Uribe, permitía a éste, postularse a una nueva reelección, así lo prohibiese la Constitución.

Me aparto del tema, para consignar, una nota de dolor. Falleció en Barranquilla, su tierra natal, Auristela  Tapia Romero, hija de los magangueleños José Ignacio –Nacho- Tapia Nieto e Isabel Segunda Romero de Tapia; para ellos, para sus hermanos, para Luis Carlos y para sus hijos; Sergio y Gerardo, voz de condolencia, exteriorizada, con profundo y sincero sentimiento luctuoso.-

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